martes, 23 de octubre de 2012

Jim Jarmusch


Pepe es un tipo 6 años mayor que yo. Es domador de caballos y ahora es mi compañero de piso. Cuando llega del trabajo a las ocho de la tarde pueden pasar dos cosas distintas: o hace unos abdominales, o se lía un canuto.

Es sábado. Lo primero que hace al llegar esa noche es liarse un canuto. Yo estoy sentado en el salón y él se sienta a mi lado. Hablamos sobre coches; no sé nada de coches. Una de las cosas que me fascinan de él es que, aunque no tenemos nada en común, podemos hablar de cualquier cosa; aunque uno de los dos no pueda seguir la conversación. Cuando alguno pierde el hilo, nos reímos y decimos alguna gilipollez. A veces ni siquiera estoy seguro de que me esté escuchando.

Pepe se toma su tiempo con el porro y cuando va por la mitad me lo pasa, sin decir nada. Simplemente estira el brazo y yo lo cojo, doy unas caladas y se lo devuelvo. Ha pasado un rato y nos estamos muriendo de hambre, me levanto del sofá y voy a la cocina a por el típico folleto de comida a domicilio que está sujeto a la puerta de la nevera con un imán. Los dos tenemos muy claro que queremos un kebab. Descuelgo el teléfono y marco el número del folleto. Cuando estoy haciendo el pedido miro a Pepe durante un par de segundos, me da un ataque de risa y cuelgo. Vuelvo a llamar una y otra vez, pero comunica. Finalmente, el tipo del kebab me contesta y yo vuelvo a reírme y le cuelgo. No nos queda otra que ir al restaurante a recoger la comida.


viernes, 21 de septiembre de 2012

Mujeres

Últimamente no puedo pegar ojo hasta las 5 de la madrugada. Lo curioso es que tampoco me levanto más tarde de las 11. Llevo así un par de semanas y se nota sobre todo en las ojeras que tengo. Estoy perdiendo peso otra vez, y entre eso y las ojeras me da la sensación de que estoy un poco enfermo.

Llevo dos semanas esperando a que empiece el curso y no tengo nada que hacer por las tardes. 
A mediados de septiembre terminé los exámenes y entonces empezaron mis vacaciones. Sin presiones; solo. 
El primer fin de semana me quedé solo en mi piso y estuve viendo películas y bebiendo toda la noche, hasta el amanecer. 

Sentirse deprimido es algo que no está tan mal a veces. Hay etapas de euforia y hay etapas en las que simplemente te apetece estar solo y deprimido. A fin de cuentas nacemos solos y morimos solos. Este comportamiento es más bien, en mi caso, un proceso de aceptación de estas condiciones.

El martes siguiente decidí darme un paseo por el centro. Esperaba que me pasara algo interesante sobre lo que poder escribir, pero no pasó nada. Pensé que necesitaba algo para leer y terminé comprándome un libro de Bukowski: "Mujeres".
Cuando pagué el libro estuve un rato esperando y mirando a la chica de la caja. Fue un momento incómodo porque no metió el libro en ninguna bolsa y yo esperaba que lo hiciera. Le pregunté si estaba todo listo y me dijo que sí. Hice el camino de vuelta a casa con el libro en la mano y pensé que no era justo. 

Desde el martes lo único que hago por las noches es leer y leer. 

Anoche me paré en un párrafo del libro. Lo leí varias veces y terminé poniendo una marca en esa página.


"Mindy se apretó contra mí y me besó. Fue un largo beso. Se me empalmó la polla.
Últimamente había estado tomando mucha vitamina E. Yo tenía mis propias ideas sobre el sexo.
Estaba constantemente cachondo y me masturbaba continuamente. Le hacía el amor a
Lydia y luego por la mañana volvía a mi casa y me masturbaba. El pensamiento del sexo como
algo prohibido me excitaba más allá de toda razón. Era como un animal aplastando a otro hasta
la sumisión. 
Cuando me corría  sentía como si fuera en la cara de todo lo decente, blanca esperma resbalando
por las cabezas y almas de mis padres muertos. Si hubiera nacido mujer seguro que hubiera sido
una prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba constantemente mujeres, cuanto más guarras 
mejor. Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu
alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarla para mí.
Básicamente deseaba prostitutas, porque eran duras, sin esperanzas, y no pedían nada personal.
Nada se perdía cuando ellas se iban. Pero al mismo tiempo soñaba con una mujer buena y 
cariñosa, a pesar de lo que me pudiera costar. De cualquier manera estaba perdido.
Un hombre fuerte pasaría de ambos tipos. Yo no era fuerte, así que continuaba bregando
con las mujeres, con la idea de mujeres."



viernes, 24 de agosto de 2012

"Hay una hormiga en mi plato"


Hoy es un día especial. Hace meses que no voy con una chica a cenar a un restaurante.

Odio este tipo de citas. No me gusta comer delante de alguien porque no me considero un tipo educado. Como rapidísimo y odio que pidan platos para compartir. En las comidas siempre hay un gilipollas que dice que se pida algo para compartir…
“¿Qué le hace pensar a ese capullo que yo quiero compartir mi comida? Me comería cualquier cosa ahora mismo.”

Pero bueno, aunque no me guste demasiado la idea de ir a cenar con ella, la verdad es que es bastante tonta y así tiene la boca ocupada con lo que sea que vaya a pedir.  

La cuestión es que son ya las diez y media de la noche. Llevo esperando más de media hora a que llegue esta chica y no aparece. También es cierto que sería una buena opción que me dejara plantado. Me iría a mi casa, calentaría un tupperware con albóndigas que me sobraron del almuerzo y me abriría un litro de cerveza para bebérmelo mientras veo una película.

Llevo mucho tiempo con ganas de ver “Wall-E”. La verdad es que podría ver esa peli, me han dicho que está muy bien… Joder, cualquiera que me viera solo en mi casa bebiendo cerveza y viendo “Wall-E” un sábado por la noche pensaría que soy un cretino y que el suicidio es el siguiente paso.

Bueno, dejo de pensar en estas mierdas porque esta tía se acerca por ahí. Mierda, ¿por qué ha tenido que aparecer? ¿Terminaremos a tiempo para que pueda ponerme “Wall-E”?

-          ¡Hola! ¿Llevas mucho tiempo esperando?
-          No, no te preocupes. Yo acabo de llegar en realidad…

¿Por qué siempre preguntan si llevo mucho tiempo esperando? Es obvio que sí. Quedamos hace 40 minutos y estoy aquí como un capullo esperándote, pero siempre soy educado y respondo que no. No le voy a dar esa satisfacción. Que le jodan.

-          ¿Pasamos adentro?
-          Sí, sí. Aquí hace un poco de frío en realidad…

He dicho dos veces “en realidad”. ¿Qué coño me pasa? Putas coletillas. Al carajo.

Ahora que me fijo, este sitio parece un poco cutre… Odio que los restaurantes tengan televisiones, aunque estén apagadas; es una manía. Cuando estaba en el instituto, tuve que comer todos los lunes y miércoles a lo largo de un año en un bar y siempre tenía problemas con los televisores. La gente solía subirle el volumen para enterarse bien de lo que decían en el programa de mierda que estuvieran viendo y era realmente imposible tener una conversación con mi hermano, que era el que me acompañaba normalmente.

Le contaré la anécdota a ella y ya tengo tema de conversación por un rato.

                                                                          …

-          Pues eso, la verdad es que el simple hecho de ver una televisión en un restaurante me pone enfermo.
-          Ah…

Esta tía no muestra interés por nada. ¿Qué le ha pasado a su cerebro? Tampoco es tan mala la historia, a mí me haría gracia.

Lo que faltaba, hay una hormiga en mi plato.

-          Hay una hormiga en mi plato.
-          ¿En serio? ¿A ver?
-          Sí, sí. Mira.
-          Eso no es una hormiga, ¿no?
-          A mí me parece una hormiga, ¿eh? No sé, ¿le digo algo al camarero?
-          Coméntaselo.
-          Ya pensaba decirle algo por el vaso de todas maneras, la verdad es que está sucio.

A ver si pasa un camarero de una vez, hace un buen rato que no veo ninguno... Ahí está.

-          Perdone, ¿puede venir?
-          Dígame.
-          Hay una hormiga en mi plato. ¿Le importaría traerme uno nuevo?
-          ¿A ver?
-          Mire, mire.
-          No sé qué decirle, aquí se han podido quejar de alguna mosca en alguna ocasión. Pero una hormiga…
-          ¿No la ve?
-          Bueno, le cambiamos el plato.

Hijo de puta. Me ha discutido lo de la hormiga delante de ella. ¿Qué me está contando de que es la primera vez? ¿Y a mí qué coño me importa?

-          Todo te tiene que pasar a ti, ¿no? 
-          Será cosa del karma o alguna mierda de esas…
-          Será, será…
-          Creo que paso del postre, seguro que me toca la cucaracha y es la primera vez también. ¿Nos vamos?
-          Sí.

                                                                      …


 Estamos en la puerta. ¿Y qué hacemos ahora? Voy a intentarlo.

[Le doy un beso]

-          ¿Sabe demasiado a hormiga?
-          Eres un cerdo.

Me voy a quedar con las ganas de “Wall-E”.