Si no vivo solo es porque no puedo permitírmelo. Cuando consiga algo de dinero, lo primero que haga será alquilar un pequeño estudio para mí solo. La gente entra y sale de mi piso como si fuese una absurda prolongación del espacio público; es algo que realmente me molesta. Al principio me preocupaba por cuidar mi aspecto, más tarde dejé de ponerme los pantalones y creo que el resto es obvio. Soy el monstruo que vive encerrado en el cuarto oscuro de la casa. Mi nueva compañera de piso ya me presentó una vez como “el raro”, literalmente. Es difícil hacerle ver a la gente que estás cansado de tratar con las personas, o que sencillamente llevas un modo de vida solitario. Mi compañera de piso es francesa y ha conseguido que llegue a odiar a una nación entera. Casi puedo llegar a comprender a Hitler gracias a ella. No acepta nunca un NO por respuesta. Tengo que comer verduras ecológicas porque ella quiere, tengo que ir a su jodido concierto de música fusión porque ella quiere, tengo que ver su ridículo cine francés porque ella quiere, tengo que soportar a sus amigos filósofos cada uno de los días de mi jodida existencia mientras viva en este puto piso PORQUE ELLA QUIERE. ¿Es tan difícil dejar a alguien tranquilo? El problema no es que ODIE a la gente, sino que hay personas que imponen sus modos de vida como esta tía. Ella ni siquiera se molesta en preguntarme si algo me apetece o no, ni siquiera se molesta en dejar de hablar de ella misma, y todos la admiran y veneran. Por culpa de personas como ella empiezo a pensar que estoy realmente loco, que estoy lejos de encontrar una solución a ello. Al principio pensaba que eran etapas, pero las etapas se convierten en décadas y la gente sonríe feliz por la calle mientras yo, con el cadáver de mi madre sentado en una mecedora, interpreto mi propia versión de Norman Bates. Las mujeres no ayudan, ellas me absorben y me convierten en algo suyo. Ellas transforman el amor en un contrato y todo se convierte en una obligación, y luego lloran y lloran y yo me siento culpable; y si esto sucede en la calle todos me observan y muchos de los hombres que andan cerca con otras mujeres se paran a mirar y se plantean la posibilidad de intervenir y convertir mis gafas, mis dientes, mis orejas y mi cara en la misma cosa inútil.
Unos meses atrás cometí la insensatez de adoptar un cachorro de mastín. Tengo muchas interpretaciones distintas para dar explicación a un fenómeno tan extraño como fue aquel impulso. Sea como sea, me sigo preguntando cuánto tiempo seguirá creciendo esta bestia. ¿Terminará devorándome? De cualquier modo sigue siendo mucho más gratificante que mantener una relación de amistad con un ser humano. Los humanos te devoran y te engullen a su modo, y la mayoría de las veces ni se molestan en escupir tus huesos. Al menos ya no puedo decir que esté completamente solo. Ahora estoy tumbado en la cama fumando un cigarrillo y tapado con una manta hasta la cintura, un sábado por la tarde. Las risas de los niños atraviesan los cristales y es imposible aislarse del todo. Soy un viejo de veintidós años en una postura terminal preguntándose por milésima vez el sentido de todo. Solo espero que esto no termine convirtiéndose en la carta de un suicida.
Puede que una gran parte del problema sea el tiempo. Las personas se olvidan del tic-tac del reloj y hacen cosas e intentan llevar una vida normal. La muerte es algo que está presente en cada uno de los minutos de mi vida, invadiendo mi alma como un cáncer. Por eso odio cuando las personas como mi compañera de piso reclaman mi preciado tiempo para hacer con él lo que se les antoja, que la mayoría de las veces es tirarlo por el retrete. Y es el miedo a perder el tiempo o a acabar en el olvido lo que me impide hacer cosas y disfrutar del momento que me ha sido establecido. Dentro de unos cien años ya no quedará ni una sola huella de mí en este jodido mundo, cosa de la que quizás debería sentirme orgulloso. Probablemente, a lo mejor, puede ser, quizás… Todo es una duda. Una estúpida y cómica duda. Debería gastarme todo mi dinero en alcohol, en drogas, en putas y en comida para perro.
Mostrando entradas con la etiqueta paranoias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paranoias. Mostrar todas las entradas
domingo, 8 de diciembre de 2013
viernes, 21 de septiembre de 2012
Mujeres
Últimamente no puedo pegar ojo hasta las 5 de la madrugada. Lo curioso es que tampoco me levanto más tarde de las 11. Llevo así un par de semanas y se nota sobre todo en las ojeras que tengo. Estoy perdiendo peso otra vez, y entre eso y las ojeras me da la sensación de que estoy un poco enfermo.
Llevo dos semanas esperando a que empiece el curso y no tengo nada que hacer por las tardes.
A mediados de septiembre terminé los exámenes y entonces empezaron mis vacaciones. Sin presiones; solo.
El primer fin de semana me quedé solo en mi piso y estuve viendo películas y bebiendo toda la noche, hasta el amanecer.
Sentirse deprimido es algo que no está tan mal a veces. Hay etapas de euforia y hay etapas en las que simplemente te apetece estar solo y deprimido. A fin de cuentas nacemos solos y morimos solos. Este comportamiento es más bien, en mi caso, un proceso de aceptación de estas condiciones.
El martes siguiente decidí darme un paseo por el centro. Esperaba que me pasara algo interesante sobre lo que poder escribir, pero no pasó nada. Pensé que necesitaba algo para leer y terminé comprándome un libro de Bukowski: "Mujeres".
Cuando pagué el libro estuve un rato esperando y mirando a la chica de la caja. Fue un momento incómodo porque no metió el libro en ninguna bolsa y yo esperaba que lo hiciera. Le pregunté si estaba todo listo y me dijo que sí. Hice el camino de vuelta a casa con el libro en la mano y pensé que no era justo.
Desde el martes lo único que hago por las noches es leer y leer.
Anoche me paré en un párrafo del libro. Lo leí varias veces y terminé poniendo una marca en esa página.
"Mindy se apretó contra mí y me besó. Fue un largo beso. Se me empalmó la polla.
Últimamente había estado tomando mucha vitamina E. Yo tenía mis propias ideas sobre el sexo.
Estaba constantemente cachondo y me masturbaba continuamente. Le hacía el amor a
Lydia y luego por la mañana volvía a mi casa y me masturbaba. El pensamiento del sexo como
algo prohibido me excitaba más allá de toda razón. Era como un animal aplastando a otro hasta
la sumisión.
Cuando me corría sentía como si fuera en la cara de todo lo decente, blanca esperma resbalando
por las cabezas y almas de mis padres muertos. Si hubiera nacido mujer seguro que hubiera sido
una prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba constantemente mujeres, cuanto más guarras
mejor. Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu
alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarla para mí.
Básicamente deseaba prostitutas, porque eran duras, sin esperanzas, y no pedían nada personal.
Nada se perdía cuando ellas se iban. Pero al mismo tiempo soñaba con una mujer buena y
cariñosa, a pesar de lo que me pudiera costar. De cualquier manera estaba perdido.
Un hombre fuerte pasaría de ambos tipos. Yo no era fuerte, así que continuaba bregando
con las mujeres, con la idea de mujeres."
viernes, 24 de agosto de 2012
"Hay una hormiga en mi plato"
Hoy es un día especial. Hace meses que no voy con una chica
a cenar a un restaurante.
Odio este tipo de citas. No me gusta comer delante de alguien
porque no me considero un tipo educado. Como rapidísimo y odio que pidan platos
para compartir. En las comidas siempre hay un gilipollas que dice que se pida algo
para compartir…
“¿Qué le hace pensar a ese capullo que yo quiero compartir
mi comida? Me comería cualquier cosa ahora mismo.”
Pero bueno, aunque no me guste demasiado la idea de ir a
cenar con ella, la verdad es que es bastante tonta y así tiene la boca ocupada
con lo que sea que vaya a pedir.
La cuestión es que son ya las diez y media de la noche.
Llevo esperando más de media hora a que llegue esta chica y no aparece. También
es cierto que sería una buena opción que me dejara plantado. Me iría a mi casa,
calentaría un tupperware con albóndigas que me sobraron del almuerzo y me
abriría un litro de cerveza para bebérmelo mientras veo una película.
Llevo mucho tiempo con ganas de ver “Wall-E”. La verdad es
que podría ver esa peli, me han dicho que está muy bien… Joder, cualquiera que
me viera solo en mi casa bebiendo cerveza y viendo “Wall-E” un sábado por la
noche pensaría que soy un cretino y que el suicidio es el siguiente paso.
Bueno, dejo de pensar en estas mierdas porque esta tía se
acerca por ahí. Mierda, ¿por qué ha tenido que aparecer? ¿Terminaremos a tiempo
para que pueda ponerme “Wall-E”?
-
¡Hola! ¿Llevas mucho tiempo esperando?
-
No, no te preocupes. Yo acabo de llegar en
realidad…
¿Por qué siempre preguntan si llevo mucho tiempo esperando?
Es obvio que sí. Quedamos hace
40 minutos y estoy aquí como un capullo esperándote, pero siempre soy educado y
respondo que no. No le voy a dar esa satisfacción. Que le jodan.
-
¿Pasamos adentro?
-
Sí, sí. Aquí hace un poco de frío en realidad…
He dicho dos veces “en realidad”. ¿Qué coño me pasa? Putas
coletillas. Al carajo.
Ahora que me fijo, este sitio parece un poco cutre… Odio que
los restaurantes tengan televisiones, aunque estén apagadas; es una manía. Cuando
estaba en el instituto, tuve que comer todos los lunes y miércoles a lo largo
de un año en un bar y siempre tenía problemas con los televisores. La gente
solía subirle el volumen para enterarse bien de lo que decían en el programa de
mierda que estuvieran viendo y era realmente imposible tener una conversación
con mi hermano, que era el que me acompañaba normalmente.
Le contaré la anécdota a ella y ya tengo tema de
conversación por un rato.
…
-
Pues eso, la verdad es que el simple hecho de
ver una televisión en un restaurante me pone enfermo.
-
Ah…
Esta tía no muestra interés por nada. ¿Qué le ha pasado a su
cerebro? Tampoco es tan mala la historia, a mí me haría gracia.
Lo que faltaba, hay una hormiga en mi plato.
-
Hay una hormiga en mi plato.
-
¿En serio? ¿A ver?
-
Sí, sí. Mira.
-
Eso no es una hormiga, ¿no?
-
A mí me parece una hormiga, ¿eh? No sé, ¿le digo
algo al camarero?
-
Coméntaselo.
-
Ya pensaba decirle algo por el vaso de todas
maneras, la verdad es que está sucio.
A ver si pasa un camarero de una vez, hace un buen rato que
no veo ninguno... Ahí está.
-
Perdone, ¿puede venir?
-
Dígame.
-
Hay una hormiga en mi plato. ¿Le importaría
traerme uno nuevo?
-
¿A ver?
-
Mire, mire.
-
No sé qué decirle, aquí se han podido quejar de
alguna mosca en alguna ocasión. Pero una hormiga…
-
¿No la ve?
-
Bueno, le cambiamos el plato.
Hijo de puta. Me ha discutido lo de la hormiga delante de
ella. ¿Qué me está contando de que es la primera vez? ¿Y a mí qué coño me
importa?
-
Todo te tiene que pasar a ti, ¿no?
-
Será cosa del karma o alguna mierda de esas…
-
Será, será…
-
Creo que paso del postre, seguro que me toca la
cucaracha y es la primera vez también. ¿Nos vamos?
-
Sí.
…
[Le doy un beso]
-
¿Sabe demasiado a hormiga?
-
Eres un cerdo.
Me voy a quedar con las ganas de “Wall-E”.
miércoles, 9 de mayo de 2012
Por un par de dólares
Estamos en alguna parte del desierto, en el sudoeste
de Estados Unidos.
Tras una larga persecución que ha durado 63 años
(desde que en 1949, el animador Chuck Jones creó al Coyote y al Correcaminos
para Warner Brothers), el Coyote ha conseguido atrapar a su presa por fin.
Para ello, sin embargo, ha tenido que sacrificarse y
demoler la entrada (y único punto de salida) de una cueva, usando una potente
carga de dinamita.
Cara a cara, por fin, comienzan a conversar:
Coyote: Ha llegado la
hora, Correcaminos. Una persecución de 63 años tiene que verse compensada de
alguna forma.
Correcaminos:
Eres un idiota. Ahora vamos a morir los dos encerrados en esta cueva.
Coyote: Pero a cambio
gano yo. Mi existencia ha pasado a cobrar todo su sentido, y tú pierdes.
Correcaminos:
¿Y qué sacas de todo esto? Ambos sabemos que no se trata de un simple capricho
culinario. ¿Se trata de algún tipo de fetiche sexual, Coyote?
Coyote: Ahora que lo
dices, estaré encantado de explicártelo.
Correcaminos:
Habla. ¡Bip, bip!
Coyote: Tengo que
reconocer que al principio sólo quería comerte, pero allá por 1960 las cosas
cambiaron.
Correcaminos:
¿De qué estás hablando?
Coyote: ¿Te acuerdas
de aquel día que me pediste prestados un par de dólares para tomarte un café y
un bollo entre bastidores?
Correcaminos:
Tienes que estar de broma.
Coyote: Pues de eso se
trata.
Correcaminos:
¿Y por esa razón tenemos que pudrirnos aquí? ¿Por dos malditos dólares?
Coyote: Menos de dos dólares han cambiado el curso de la historia, tío. Lo hablé con el
psicoanalista y me dijo que lo dejara estar. Esos idiotas siempre acaban
diciendo lo mismo…
Correcaminos:
Pues ahora mismo no llevo nada suelto.
Ambos suspiran y se quedan sentados en la cueva a
oscuras (sólo se ven sus ojos en la oscuridad).
El Correcaminos rompe el silencio tras un par de
horas.
Correcaminos:
Dicen que más al norte hay prados, hierba, flores… Mi primo me mandó una carta
desde el zoo en el que está currando ahora mismo y me lo contó.
Coyote: Siempre me han gustado
las flores.
lunes, 1 de agosto de 2011
Fobias
Anoche tuve una pesadilla:
Me quedaba encerrado con "T" en un ascensor. De repente se puso todo oscuro y el ascensor empezó a caer a una velocidad acojonante.
En el mismo ascensor había una pequeña puertecilla por la que cabía una persona, que curiosamente daba a un campo lleno de cactus, rosales y plantas llenas de púas.
Al final decidí tirarme por la puertecilla y aterricé sobre los matorrales llenos de pinchos, jodiéndome vivo de dolor al aterrizar.
Creo que tengo una fobia extraña a los ascensores. Cuando me monto en uno me agobio un poco y tal, pero no pasa nada. Sin embargo, son para mí como un símbolo de estar aprisionado o algo así. Me ponen enfermo.
Curioso tema el de las fobias.
Hace bastante tiempo me dio una paranoia bastante extraña que consistía en procurar no andar demasiado por la acera.
Esto es de ser imbécil, pero todo tiene su explicación:
De pequeño, yo vivía en un noveno piso, y tenía una obsesión enfermiza por arrojar cosas por el balcón y ver cómo caían. Era un pequeño hijo de puta.
Pues bien, empecé a pensar en esa historia y me di cuenta de la gravedad de la situación: "La gente tira cosas por las ventanas."
Pues nada, al salir de mi casa al día siguiente, no podía evitar ir mirando hacia arriba de vez en cuando, estableciendo un perímetro de seguridad con respecto a las paredes de los edificios y observando las sujecciones de todas las macetas que colgaban de muchos de los balcones.
En cierta manera las fobias nos definen, y éste es mi caso particular, el de un capullo.
Si me paro a analizarlo detenidamente, me doy cuenta de que en parte tengo miedo de mí mismo, por poéticamente absurdo que resulte.
El miedo a que me partan la cabeza con una maceta es mi reacción posterior a haber sido un niño cabrón, y probablemente mi fobia a los ascensores sea una especie de metáfora maligna en cuanto a mis relaciones con las personas y mis propios problemas sociales (eso de quedarse encerrado en un ascensor con varias personas que miran al vacío, me resulta gracioso y horrible a la vez).
Con el tiempo conseguí quitarme el miedo a andar por la acera, pues era bastante probable eso de morir atropellado.
A fin de cuentas, esta vida se resume en elegir entre lo malo y lo que es peor.
Me quedaba encerrado con "T" en un ascensor. De repente se puso todo oscuro y el ascensor empezó a caer a una velocidad acojonante.
En el mismo ascensor había una pequeña puertecilla por la que cabía una persona, que curiosamente daba a un campo lleno de cactus, rosales y plantas llenas de púas.
Al final decidí tirarme por la puertecilla y aterricé sobre los matorrales llenos de pinchos, jodiéndome vivo de dolor al aterrizar.
Creo que tengo una fobia extraña a los ascensores. Cuando me monto en uno me agobio un poco y tal, pero no pasa nada. Sin embargo, son para mí como un símbolo de estar aprisionado o algo así. Me ponen enfermo.
Curioso tema el de las fobias.
Hace bastante tiempo me dio una paranoia bastante extraña que consistía en procurar no andar demasiado por la acera.
Esto es de ser imbécil, pero todo tiene su explicación:
De pequeño, yo vivía en un noveno piso, y tenía una obsesión enfermiza por arrojar cosas por el balcón y ver cómo caían. Era un pequeño hijo de puta.
Pues bien, empecé a pensar en esa historia y me di cuenta de la gravedad de la situación: "La gente tira cosas por las ventanas."
Pues nada, al salir de mi casa al día siguiente, no podía evitar ir mirando hacia arriba de vez en cuando, estableciendo un perímetro de seguridad con respecto a las paredes de los edificios y observando las sujecciones de todas las macetas que colgaban de muchos de los balcones.
En cierta manera las fobias nos definen, y éste es mi caso particular, el de un capullo.
Si me paro a analizarlo detenidamente, me doy cuenta de que en parte tengo miedo de mí mismo, por poéticamente absurdo que resulte.
El miedo a que me partan la cabeza con una maceta es mi reacción posterior a haber sido un niño cabrón, y probablemente mi fobia a los ascensores sea una especie de metáfora maligna en cuanto a mis relaciones con las personas y mis propios problemas sociales (eso de quedarse encerrado en un ascensor con varias personas que miran al vacío, me resulta gracioso y horrible a la vez).
Con el tiempo conseguí quitarme el miedo a andar por la acera, pues era bastante probable eso de morir atropellado.
A fin de cuentas, esta vida se resume en elegir entre lo malo y lo que es peor.
martes, 10 de mayo de 2011
En la cola
Estoy buscando una manera agradable y poco ofensiva de empezar esta entrada, pero es complicado. Por desgracia, viajo bastante en tren, y últimamente tengo que imprimir los billetes del tren en la misma estación, porque me he quedado sin tinta en la impresora y los cartuchos son un puto robo.
Total, que para imprimir el billete suelo tener que hacer cola en la ventanilla de la estación (y esto implica tener que salir 30 minutos antes). Pues nada, que todos los fines de semana la misma historia.
Me pongo en la cola, con mi billete previamente reservado y el código escrito en un papelito, para nada más llegar mi turno, entregar el papel y decir: "Para imprimir el billete, por favor."
Los demás, por regla general, hacen todo lo posible por sacarme de quicio.
Como cojo el tren los domingos a más o menos la última hora, casi siempre hay un cartel pegado en el cristal de la ventanilla de manera visible, que dice: "BILLETES CÁDIZ-SEVILLA AGOTADOS"
Bien, pues hay una persona discutiendo con el encargado:
-¡Pues tengo que coger el tren! ¿De verdad que no quedan billetes? ¿Ni el siguiente? ¿Qué hago?
-No, de verdad que no. No hay más. Cómprelo para mañana.
Mientras tanto, los que están detrás del individuo en cuestión, se quejan:
-Joder con este tío. ¡Que es para hoy! ¡Venga!
Porque claro, en lugar de escuchar el problema del otro y estar atento por si te concierne, es mejor dar por culo.
Y sí, cuando le llega el turno al siguiente, que ha estado rajando del anterior, se dedica a hacer el capullo de la misma manera:
-Jooo... ¿De verdad que no quedan? ¿Y yo que hago ahora? Me están esperando en Sevilla...
Y para colmo alguna que otra señora se apoya sobre el marco de la ventanilla, intentando dar pena o no sé qué.
¿Tan difícil es hacer las cosas bien? Luego nos quejamos de la administración.
Las colas tienen la habilidad de sacar a la luz nuestro instinto asesino.
Me hace mucha gracia cuando alguna vez se me cae algo y tengo que moverme un poco. Cómo la gente mira con caras que son una mezcla entre desesperación y violencia.
Digo yo que podrían disimular un poco sus deseos de que te vayas.
Lo mejor es cuando te encuentras con un amigo que está más adelantado en la cola y te paras un rato a charlar. Para cuando te has dado cuenta, ya están todos los de detrás planeando cómo asesinarte o algo peor.
De todas maneras, es cierto que hay mucha cara dura suelta. Hace poco me pasó algo extraño en el supermercado.
Estaba haciendo la compra, dispuesto a pagar en caja ya, cuando llega una señora con una caja entera de barritas para cagar o algo así. Mi teoría es que llevaba unos cuantos días estreñida y necesitaba desatascarse el recto.
La señora se puso a mi lado. Estaba nerviosa, agitada, con ganas de cagar (me imagino), y yo le veía las intenciones.
Empezó preguntándole a la cajera si sabía por cuanto le podía salir todo. Que cuánto costaba.
La cajera dijo que tenía que pasarlo por caja, y la señora me miró con cara de pena.
Yo, como un buen cabrón, miré para otro lado para evitar cualquier contacto visual, y finalmente la señora me golpeó el hombro y me dijo:
-Oye hijo. ¿Te importa que pase un momento para ver cuánto cuesta todo esto?
Como si yo estuviera haciendo la cola para bailar con la cajera, no te jode.
-Pase anda, pase.
Tengo que reconocer que puse mala cara, pero fue sobre todo por el hecho de que la señora hubiera estado un rato tanteándome y dándome pena, cargando con la caja de galletas para cagar con un único propósito, el de colarse.
Bueno, cuál fue mi sorpresa cuando paso mi compra, y me faltan 20 céntimos a la hora de pagar.
Miro a la cara a la cajera, pero la tía se niega a hacerme el favor. Así que tengo que elegir algo de lo que puedo prescindir.
Lo malo de todo esto es que mi compra era un paquete de espaguetis y un bote de tomate. Vamos, que o me comía los espaguetis secos, o me bebía el brick de tomate.
De repente, como salida del cielo, llegó la señora cagona, que al parecer se había enterado de mi problema.
¿Qué pasaría si os contara que se echó unas risas a mi costa y se fue con su caja de galletas?
Eso estaría muy en mi línea de acontecimientos, pero no.
La señora empezó a buscar en la cartera 20 céntimos mientras me daba las gracias una y otra vez por haberla dejado pasar.
Yo me sentí como una verdadera mierda por haber pensado cosas fatales de la pobre señora y empecé a decirle que no importaba, que por favor guardase su dinero.
La verdad es que hubiera preferido no comer antes que aceptar los inmerecidos 20 céntimos...
La mujer le dio el dinero a la cajera y una vez más me sonrió, me dio las gracias, y se fue.
Odio las historias con moraleja, y creo que es la primera entrada de este blog que la tiene.
La moraleja es:
"No es necesario ir con dinero al supermercado siempre que seas simpático y educado con todos los que te rodean." *
*Broma
miércoles, 11 de agosto de 2010
Perros e inteligencia
Nos empeñamos en hablar de la vida inteligente:
-"¿Habrá vida inteligente en otros planetas?"
Yo todavía no he visto vida inteligente en nuestro planeta, ya me dirán el motivo por el que hay que anticiparse a buscar algo fuera de aquí.
Hoy estaba durmiendo la siesta, y para variar, sonó el timbre. Para cuando abrí la puerta ya no había nadie. Al poco tiempo me dí cuenta de que todavía me daba vueltas en la cabeza una frasecilla del sueño que estaba teniendo:
-"Señor presidente, ese paquete de bolígrafos es mío"
Hablamos de vida inteligente, pero yo no veo la inteligencia por ningún lado. Estoy seguro de que alguien habrá que me venga diciendo que los sueños tienen un significado y que hay que descifrarlo. De hecho, una amiga mía tenía un libro para encontrarle el significado a las cosas que aparecían en los sueños.
Por ejemplo, si en tu sueño aparecía una serpiente, te ibas a la letra "s" de serpiente y te decía algo así como: "La serpiente es el símbolo de la lujuria, la pasión, el sexo"
La verdad es que es lo último que se me vendría a la cabeza cuando estoy cachondo. No voy a decir lo que se me viene a la cabeza porque tendría que poner lo del aviso de contenido adulto en el blog, y es un coñazo.
Hablan de vida inteligente, y cuando estoy soñando resulta que el presidente me roba un paquete de bolígrafos. Yo creo que una especie realmente inteligente tendría que estar haciendo algoritmos mientras se echa una cabezadita.
Si los humanos fuéramos inteligentes no existirían palabras como tonto, cazurro o tarugo. Ni siquiera existirían las conversaciones de besugos.
El otro día tuve una cita con una chica. Estuvo hablándome de su perro no recuerdo cuanto tiempo. Fué horrible.
- ¡Es muy inteligente! Mi hermana dice que incluso más que nuestro padre.
-¿En serio?
-Sí, la verdad es que si le pasara algo yo me moriría también.
-Sería un drama...
-Lo único malo es tener que levantarme temprano por la mañana para sacarlo.
-¡Vaya cosas! Oye, pues por lo menos no habla, como tú.
Antonio Pérez
-"¿Habrá vida inteligente en otros planetas?"
Yo todavía no he visto vida inteligente en nuestro planeta, ya me dirán el motivo por el que hay que anticiparse a buscar algo fuera de aquí.
Hoy estaba durmiendo la siesta, y para variar, sonó el timbre. Para cuando abrí la puerta ya no había nadie. Al poco tiempo me dí cuenta de que todavía me daba vueltas en la cabeza una frasecilla del sueño que estaba teniendo:
-"Señor presidente, ese paquete de bolígrafos es mío"
Hablamos de vida inteligente, pero yo no veo la inteligencia por ningún lado. Estoy seguro de que alguien habrá que me venga diciendo que los sueños tienen un significado y que hay que descifrarlo. De hecho, una amiga mía tenía un libro para encontrarle el significado a las cosas que aparecían en los sueños.
Por ejemplo, si en tu sueño aparecía una serpiente, te ibas a la letra "s" de serpiente y te decía algo así como: "La serpiente es el símbolo de la lujuria, la pasión, el sexo"
La verdad es que es lo último que se me vendría a la cabeza cuando estoy cachondo. No voy a decir lo que se me viene a la cabeza porque tendría que poner lo del aviso de contenido adulto en el blog, y es un coñazo.
Hablan de vida inteligente, y cuando estoy soñando resulta que el presidente me roba un paquete de bolígrafos. Yo creo que una especie realmente inteligente tendría que estar haciendo algoritmos mientras se echa una cabezadita.
Si los humanos fuéramos inteligentes no existirían palabras como tonto, cazurro o tarugo. Ni siquiera existirían las conversaciones de besugos.
El otro día tuve una cita con una chica. Estuvo hablándome de su perro no recuerdo cuanto tiempo. Fué horrible.
- ¡Es muy inteligente! Mi hermana dice que incluso más que nuestro padre.
-¿En serio?
-Sí, la verdad es que si le pasara algo yo me moriría también.
-Sería un drama...
-Lo único malo es tener que levantarme temprano por la mañana para sacarlo.
-¡Vaya cosas! Oye, pues por lo menos no habla, como tú.
Antonio Pérez
lunes, 2 de agosto de 2010
Hormigas e impulsos

Estoy rodeado de personas que se empeñan en seguir un orden, una línea recta y sin desviaciones que les lleve hasta el final.
Todos los días tenemos que comer a una hora determinada, un número determinado de platos, con un número determinado de personas. Tenemos que dormir a una hora, levantarnos a otra, hacer los deberes, coger un taxi para no llegar tarde, atender a una explicación de 3 horas en la facultad.
Yo me pregunto: "¿Qué pasa si rompemos ese orden?"
¿Qué pasaría si le hiciera caso a uno solo de los constantes impulsos que me pasan por la cabeza en todo momento?
Seguramente dirían que soy un loco.
No puedo evitarlo, pero la verdad es que muchas veces estoy sentado en la mesa, comiendo con mi familia y pienso: "¿Qué pasaría si me levantara de la mesa y estampara un plato contra la pared?"
Nada bueno.
¿Qué pasaría si me levantara y le gritara a mi profesor de "Psicología Social" que es un imbécil y que no tiene ni puta idea de nada?
Nada bueno.
Mucha de la gente que me rodea me recuerda a una escena de la película "Bichos". La escena en la que a una hormiga le cae la hoja de un árbol justo en la mitad del camino que tiene que hacer para llevar el alimento al hormiguero.
Pudiendo rodear la hoja sin ningún tipo de problema, la hormiga afectada se pone a gritar y a temblar hasta que una hormiga especialista llega para ayudarle a rodear la hoja.
Pudiendo rodear la hoja sin ningún tipo de problema, la hormiga afectada se pone a gritar y a temblar hasta que una hormiga especialista llega para ayudarle a rodear la hoja.
A mi parecer hay personas fuertemente arraigadas a un camino. Y el hecho de acostarse 10 minutos más tarde es para ellas un lujo innecesario que no se pueden permitir.
Hablan de orden, de disciplina, de ciencia, de salud... Siempre hay alguien que me está diciendo: "Hacer eso es poco saludable..."
¿Quién te ha dicho que hago las cosas porque sean saludables? De algo tengo que morirme, gilipollas.
¿Quién te ha dicho que hago las cosas porque sean saludables? De algo tengo que morirme, gilipollas.
Estoy rodeado de hormigas... Supongo que yo soy otra.
Antonio Pérez
miércoles, 28 de julio de 2010
Regla número 78
Creo que alguien debería plantearse seriamente lo de escribir un reglamento acerca de las relaciones sentimentales. Un libro que numere las reglas que harán que todo vaya como la seda. Seguro que al entrar en una librería lo veríamos en la zona de los best sellers: "Relaciones Sentimentales: Paso a paso"
Así, cuando tu pareja te diga un domingo que hay que ir a la casa de sus padres a comer (por ejemplo) puedes coger el libro y decir:
"Cariño, regla número 78, el domingo no se va a casa de tus padres a no ser que uno de ellos esté agonizando o que hagan el solomillo a la pimienta ese que tanto me gusta"
Todo esto viene a que hay cosas que sobrepasan mi lógica, la verdad.
Por ejemplo, a la hora de conocer a una persona, desde mi punto de vista, solo hay lo que puedes percibir. Es decir, conoces a una persona y no te la imaginas con el pelo rubio, los ojos verdes y la cartera llena de billetes si es calva, tuerta y no tiene un duro.
Pues yo creo que hay personas que confunden el hecho de buscar pareja con el de comprar una casa:
"La verdad es que con unos arreglitos por allí, le afeitamos la perilla por allá, le teñimos el pelo de este color y le cambiamos la forma de vestir... Hacemos que quiera estudiar derecho y ya tenemos al hombre de nuestra vida."
Ya me dirán la diferencia que hay entre eso y :
"Aquí lo que hay que hacer es reformar la cocina, poner este papel de pared y estos muebles, ampliar el cuarto de baño y ya tenemos la casa de nuestra vida."

Antonio Pérez
Así, cuando tu pareja te diga un domingo que hay que ir a la casa de sus padres a comer (por ejemplo) puedes coger el libro y decir:
"Cariño, regla número 78, el domingo no se va a casa de tus padres a no ser que uno de ellos esté agonizando o que hagan el solomillo a la pimienta ese que tanto me gusta"
Todo esto viene a que hay cosas que sobrepasan mi lógica, la verdad.
Por ejemplo, a la hora de conocer a una persona, desde mi punto de vista, solo hay lo que puedes percibir. Es decir, conoces a una persona y no te la imaginas con el pelo rubio, los ojos verdes y la cartera llena de billetes si es calva, tuerta y no tiene un duro.
Pues yo creo que hay personas que confunden el hecho de buscar pareja con el de comprar una casa:
"La verdad es que con unos arreglitos por allí, le afeitamos la perilla por allá, le teñimos el pelo de este color y le cambiamos la forma de vestir... Hacemos que quiera estudiar derecho y ya tenemos al hombre de nuestra vida."
Ya me dirán la diferencia que hay entre eso y :
"Aquí lo que hay que hacer es reformar la cocina, poner este papel de pared y estos muebles, ampliar el cuarto de baño y ya tenemos la casa de nuestra vida."

Antonio Pérez
domingo, 18 de julio de 2010
"Tíos, yo me voy"
En serio, es muy divertido ver como nos exprimimos el cerebro para ver qué podemos hacer un sábado por la noche.
Los sábados suelo estar en mi casa por la mañana llamando por teléfono a este, al otro, al de más allá... Preocupadísimo porque "E" no coge el teléfono o porque "J" no se conecta al messenger.
Ayer llegamos a un acuerdo: "Tío, vamos a la casa de uno de nosotros para hacer tiempo hasta que salgan los demás."
Estamos en casa de "E", que suele ser la más céntrica, el cuartel general vamos. Nos pasamos la tarde jugando a la consola, mirando cosas en el ordenador, merendando, riéndonos... Y cuando llega la hora de salir, a eso de las 22:30 normalmente, me digo a mí mismo:
"Joder. ¿Salir para qué?"
He estado pasándomelo bien, sentado, cómodo y haciendo lo que me gusta, pero ahora tengo que salir porque tengo 19 años y estoy obligado a relacionarme con personas en la calle, tomarme una, dos, tres cervezas que no me van a sentar muy bien, andar de un lado para otro meándome a las 2 de la mañana sin saber exactamente a dónde ir, y cuando por fin nos sentamos en un sitio nos tenemos que levantar porque siempre hay alguien que quiere hacer otra cosa.
Y me dicen: "Sí, hoy vamos a tal sitio y verás como alguna cae"
Alguna cae... Lo único que me cayó ayer encima fue la cerveza de un tío que acababa de conocer, y lo peor es que no me acuerdo ni de su nombre.
"Tíos, yo me voy"
A tomar por culo, un sábado menos
Antonio Pérez
Los sábados suelo estar en mi casa por la mañana llamando por teléfono a este, al otro, al de más allá... Preocupadísimo porque "E" no coge el teléfono o porque "J" no se conecta al messenger.
Ayer llegamos a un acuerdo: "Tío, vamos a la casa de uno de nosotros para hacer tiempo hasta que salgan los demás."
Estamos en casa de "E", que suele ser la más céntrica, el cuartel general vamos. Nos pasamos la tarde jugando a la consola, mirando cosas en el ordenador, merendando, riéndonos... Y cuando llega la hora de salir, a eso de las 22:30 normalmente, me digo a mí mismo:
"Joder. ¿Salir para qué?"
He estado pasándomelo bien, sentado, cómodo y haciendo lo que me gusta, pero ahora tengo que salir porque tengo 19 años y estoy obligado a relacionarme con personas en la calle, tomarme una, dos, tres cervezas que no me van a sentar muy bien, andar de un lado para otro meándome a las 2 de la mañana sin saber exactamente a dónde ir, y cuando por fin nos sentamos en un sitio nos tenemos que levantar porque siempre hay alguien que quiere hacer otra cosa.
Y me dicen: "Sí, hoy vamos a tal sitio y verás como alguna cae"
Alguna cae... Lo único que me cayó ayer encima fue la cerveza de un tío que acababa de conocer, y lo peor es que no me acuerdo ni de su nombre.
"Tíos, yo me voy"
A tomar por culo, un sábado menos
Antonio Pérez
lunes, 10 de mayo de 2010
"Va por vosotros"
Pongámonos en situación...
Es sábado por la noche, y todo el mundo va al mismo sitio, en este caso estoy hablando del "botellódromo".
El botellódromo es un lugar mágico... No se qué cojones tiene, pero la gente que te cruzas allí siempre te va a parar para saludarte, aunque te conozca de dos días.
¡¿Qué más da hombre?! ¡Estamos de fiesta! Casi todos estamos borrachos, y nos llevamos bien.
Al día siguiente vamos andando por la calle y nos encontramos al tío ("X") que la noche del sábado te abrazó y estuvo hablándote como 15 minutos sin parar, sonriendo como el que más...
Y nos lo cruzamos a dos metros de distancia y le levantas una mano en plan: "¡Hey X!"
Y "X" te vuelve la cara como si no te conociera y sale corriendo.
Volviendo al "botellódromo", siempre está "el charlatán". "El charlatán" está tan aburrido que le da igual ponerle una pistola en la cabeza al primer medio-conocido que se pase por delante con tal de tirarse hablando de todo lo que pueda hasta que su grupo de amigos se mueva de un lado para otro. Cuando nos cruzamos con "el charlatán" sabemos que tenemos que disimular al máximo y mezclarnos entre la multitud al instante. Si nos pilla se acabó, porque no tenemos la habilidad suficiente para cortarle la conversación y despedirnos. A los 10 minutos ya estamos diciendo cosas como: "Ah... si... oye que yo... si... me... si, si... oye... bueno sigue, sigue...".
Lo más gracioso de todo es que preguntes a quien preguntes te dirá: "No no, yo el botellódromo lo odio. En serio, no voy nunca..."
También es mi caso, pero por razones superiores a la física siempre hay algo que nos hace volver.
Antonio Pérez
PD: Suelo firmar las entradas con mi nombre para que sepaís que estas mierdas las escribe un servidor
Es sábado por la noche, y todo el mundo va al mismo sitio, en este caso estoy hablando del "botellódromo".
El botellódromo es un lugar mágico... No se qué cojones tiene, pero la gente que te cruzas allí siempre te va a parar para saludarte, aunque te conozca de dos días.
¡¿Qué más da hombre?! ¡Estamos de fiesta! Casi todos estamos borrachos, y nos llevamos bien.
Al día siguiente vamos andando por la calle y nos encontramos al tío ("X") que la noche del sábado te abrazó y estuvo hablándote como 15 minutos sin parar, sonriendo como el que más...
Y nos lo cruzamos a dos metros de distancia y le levantas una mano en plan: "¡Hey X!"
Y "X" te vuelve la cara como si no te conociera y sale corriendo.
Volviendo al "botellódromo", siempre está "el charlatán". "El charlatán" está tan aburrido que le da igual ponerle una pistola en la cabeza al primer medio-conocido que se pase por delante con tal de tirarse hablando de todo lo que pueda hasta que su grupo de amigos se mueva de un lado para otro. Cuando nos cruzamos con "el charlatán" sabemos que tenemos que disimular al máximo y mezclarnos entre la multitud al instante. Si nos pilla se acabó, porque no tenemos la habilidad suficiente para cortarle la conversación y despedirnos. A los 10 minutos ya estamos diciendo cosas como: "Ah... si... oye que yo... si... me... si, si... oye... bueno sigue, sigue...".
Lo más gracioso de todo es que preguntes a quien preguntes te dirá: "No no, yo el botellódromo lo odio. En serio, no voy nunca..."
También es mi caso, pero por razones superiores a la física siempre hay algo que nos hace volver.
Antonio Pérez
PD: Suelo firmar las entradas con mi nombre para que sepaís que estas mierdas las escribe un servidor
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


